«Nunca olvidaremos como se reía a carcajadas.»
Fue una niña muy feliz y traviesa. Siempre nos contaba la historia de cuando, con cinco años, una oca quiso enfrentarse a ella; os podéis imaginar quién fue la vencedora. Sus travesuras la llevaron a estar interna en Santa María de Huerta (Soria), donde pasó mucho frío y ni así dejó de ser pilla.
Fue la segunda reina de las fiestas de Zaragoza, algo que recordaba con mucho orgullo.
Una de sus pasiones era viajar, lo que la llevó a conocer medio mundo. Primero recorrió Europa y, cuando aún poca gente se atrevía a cruzar océanos, viajó a países exóticos: Japón, Tailandia, India... Pero su sitio favorito en el mundo estaba más cerca: San Sebastián. Allí pasaba los veranos, disfrutando de su playa favorita, La Concha. Nos encantaba ir a verla y pasar unos días en familia; algunos de nuestros mejores recuerdos son de allí.
No perdonaba el café de los miércoles con sus amigas ni las tardes de bingo. Hoy sus nietos jugamos, de vez en cuando, unos cartones en su memoria.
Su bondad y generosidad hablaban por ella, y por eso fue y será siempre tan querida.