El duelo también es salud mental
El pasado 10 de octubre se celebró el Día Mundial de la Salud Mental. El lema de este año, Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambios reales, propone algo sencillo y a la vez poco habitual: escuchar a quienes han atravesado el sufrimiento en primera persona.
Hay una experiencia que casi todas las personas viviremos en algún momento y de la que, sin embargo, seguimos hablando poco: el duelo. Perder a alguien querido cambia la forma en que dormimos, comemos, trabajamos y nos relacionamos. Por eso, una semana después, queremos detenernos en él.
El duelo no es una enfermedad
El duelo es la respuesta natural a la pérdida de un vínculo importante. Puede traer tristeza, rabia, culpa, cansancio, dificultad para concentrarse o una sensación de irrealidad que dura semanas. Nada de eso significa que algo vaya mal: es el modo en que la mente y el cuerpo empiezan a hacer sitio a una ausencia.
Tampoco tiene un calendario. Las conocidas “fases” del duelo no se recorren en orden ni una sola vez. Hay días en los que todo parece más llevadero y otros en los que una canción, un olor o una fecha devuelven el dolor intacto. Esa oscilación es parte del proceso.
Cuando el duelo se queda atascado
En algunas personas el dolor no va encontrando su lugar con el tiempo, sino que se mantiene igual de intenso y ocupa casi toda la vida. Desde hace pocos años, los dos grandes manuales de referencia en salud mental, la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud y el DSM-5-TR, reconocen esta situación como trastorno por duelo prolongado.
Algunas señales que conviene tener presentes, especialmente cuando han pasado muchos meses desde la pérdida:
- Un anhelo constante por la persona fallecida o una preocupación por ella que no deja espacio para nada más.
- Dificultad persistente para aceptar que la muerte ha ocurrido.
- La sensación de que una parte de uno mismo ha muerto también, o de que la vida ha perdido el sentido.
- Evitar cualquier cosa que recuerde la pérdida, o no poder retomar el trabajo, las relaciones o el cuidado propio.
Las revisiones de estudios sitúan esta forma de duelo en torno a una de cada diez personas que han perdido a alguien cercano. Reconocerlo no es poner una etiqueta al amor, sino abrir la puerta a una ayuda que existe y que funciona. Pedirla no es una señal de debilidad ni de haber querido menos.
Lo que ayuda a quien acompaña
Muchas veces no sabemos qué decir a alguien que está en duelo, y por miedo a equivocarnos nos alejamos. Algunas ideas sencillas:
- Nombrar a la persona. Hablar de quien ya no está suele aliviar más que el silencio.
- Escuchar sin intentar arreglar. No hace falta encontrar la frase perfecta; basta con estar.
- Recordar las fechas. Los cumpleaños, los aniversarios, las primeras Navidades o Todos los Santos pesan. Un mensaje ese día dice mucho.
- Seguir presentes después. El acompañamiento se concentra en los primeros días, pero el duelo dura mucho más.
Recordar también es cuidarse
Durante mucho tiempo se pensó que superar una pérdida consistía en “pasar página”. Hoy sabemos que, para muchas personas, mantener un vínculo con quien se ha ido forma parte de un duelo sano. Contar sus historias, conservar sus fotos, volver a sus lugares o escribirle unas líneas son formas de que la ausencia se convierta poco a poco en memoria.
En Obi Memorial creamos espacios digitales para recordar a quienes ya no están: un lugar donde reunir fotografías, recuerdos y palabras, y al que cualquier persona puede volver cuando lo necesite, encender una vela o dejar un mensaje. No sustituye el acompañamiento de otras personas ni la ayuda profesional, pero puede ser un rincón tranquilo dentro de ese proceso.
Si estás preparando la despedida, quizá te ayude saber cómo redactar una esquela o cómo escribir un obituario que cuente su vida.
Si necesitas ayuda
Si el dolor por una pérdida te desborda o sientes que no avanza, hablar con tu médico de cabecera o con un profesional de la psicología especializado en duelo es un buen primer paso. Los grupos de apoyo al duelo, presenciales u online, también ayudan a sentirse menos solo.
Y si en algún momento aparecen pensamientos de no querer seguir viviendo, puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. En caso de emergencia, llama al 112.
El duelo es una de las experiencias más humanas que existen. Hablar de él, también.
Este artículo tiene un propósito informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud.